Jacobo Sefamí
Jacobo Sefamí es catedrático de literatura latinoamericana en la Universidad de California, Irvine, Director de la Escuela de Español de verano en Middlebury College y miembro fundador de UC-Mexicanistas. Fue becario del DAAD en la primavera del 2019, en Ruhr-Universität, Bochum. Ha publicado varios libros, entre los que cabe mencionar El espejo trizado: la poesía de Gonzalo Rojas (1992); Medusario. Muestra de poesía latinoamericana (en colaboración con Roberto Echavarren y José Kozer, 1996); Mi mejilla es el cielo estrellado (editada con Alejandro Tarrab, antología del poeta chileno Raúl Zurita); Vaquitas pintadas (2004), una antología de textos relacionados con las vacas, después reproducida con imágenes de Alicia Ceballos en la revista unidiversidad (Puebla, 2017); Por mi boka. Textos de la diáspora sefardí en ladino (2013, antología en colaboración con Myriam Moscona); El camaleón y la esponja: David Huerta. Entrevista, ensayos y antología poética (2019). Su libro más reciente de crítica es Caleidoscopia. Escrituras y poéticas de los oblicuo en América Latina (2021), que analiza poetas contemporáneos de fines del siglo XX y principios del XXI. También es autor de Los dolientes (novela, 2004); Por tierras extrañas (libro de relatos y crónicas de viaje a Turquía y Siria, 2019), Mili, en lo inacabado mutante (poemas, 2019) y Subibaja (antología en Voz viva, 2023).
Entrevista

Entrevistadores: Yasmin Temelli y Emiliano Garcilazo
EG: Nos introdujiste hacia la construcción de un lector, permeada por las influencias familiares, pero especialmente por la presencia de la tradición y la cultura judías, un poco de la manera en la que ya lo hiciste en tu novela Los Dolientes. Por eso quisiera preguntarte sobre cómo encaras el uso de la terminología de origen hebreo en el texto, la tensión resultante de las posibles dificultades para el lector y la necesidad de “llamar las cosas por su nombre”.
Es muy interesante esa pregunta. Lo primero que quisiera aclarar es que yo vengo de una familia judía siria y en mi familia no había una cultura, digamos, elevada, alta, literaria. Era una familia de comerciantes, como lo dije, comparado con muchas comunidades judías donde son fervientes intelectuales, lectores, mundo al que, por ejemplo, pertenecía Esther Seligson. Entonces es un contraste, quería aclararlo porque, sobre todo cuando hablas de cultura judía, es gente que lee mucho, gente que estudia mucho.
Ahora bien, cuando yo escribí mi novela Los dolientes, yo pensé que era una gran dificultad para el lector que yo dijera palabras que no iban a entender. Todo tipo de palabras que se usan en mi comunidad: palabras en hebreo, palabras en árabe. Entonces mi primera novela tiene un glosario con las palabras que no son de español o que vienen del árabe, porque en mi comunidad se habla, bueno, se hablaba, creo que ahora menos. Mis padres hablaban árabe entre ellos y yo sé muchas expresiones del árabe. Y claro, por la religión, muchas palabras del hebreo.
Entonces sí es una enorme dificultad. En este texto yo trato de hacer como una frase parentética para explicar de qué se trata, aunque, por ejemplo, Bar Mitzvah asumo que la gente podría saber de qué se trata. Pero sí es siempre una dificultad cuando estás relatando una historia de una comunidad que la mayoría de la gente no conoce. Entonces es qué haces para que tu lector pueda comprender esa esfera cultural a la que pertenezco yo.
En este momento, por ahora, decidí que no tiene glosario como fue mi primera novela, porque quise aclarar ciertos términos. Por ejemplo, cuando digo Tanaj, entre paréntesis pongo una explicación muy breve para que el lector comprenda.
EG: Si bien el texto apela a la figura del padre al inicio y al final, a mí me impactaron más las mujeres. Una abuela que se decide a no perder su tienda, una madre que regresa al trabajo luego de haberse dedicado a la familia, una esposa que, pese a que la relación no funcionó, es presentada como alguien de carácter fuerte y muy segura de sí misma. ¿Qué podrías comentarnos sobre las figuras femeninas dentro de tu obra literaria?
Sí, muchas gracias. Mira, yo vengo de una familia no patriarcal sino matriarcal, es decir, las mujeres eran las más fuertes en mi familia. ¿Por qué? Porque mi abuelo paterno era como 20 años mayor que mi abuela paterna y él murió más rápido. La figura más importante de la parte de la familia de mi papá era mi abuela paterna, que incluso en las fotos aparece una señora que dominaba. En las fotos estaban los niños, pero la señora tenía una presencia muy fuerte. Y de la parte materna, mi abuelo materno murió, que es otra historia que voy a contar, cuando mi madre tenía 8 años de edad. Entonces mi abuela tuvo que mantener a cuatro hijas y a un hijo con parálisis cerebral ella sola, en una época en que las mujeres no trabajaban. Entonces ella compró esa tienda, que es donde yo trabajé, y defendió el comercio, o sea, mantuvo a su familia.
Mi padre también era un ser muy débil, en el sentido de que mi padre se deprimió mucho y abandonó su negocio, fracasó, se fue a la bancarrota y entonces en mi casa la persona que dominaba era mi madre. También tuve una hermana que murió y que para mí… toda mi vida he vivido con la angustia de mi hermana porque murió atropellada por un coche delante de mis ojos.
Mi ex esposa, que murió en el accidente que cuento, también era muy fuerte y yo me considero a mí mismo más débil. Así es que yo tengo gran admiración por las mujeres y, de alguna manera, sí me siento feminista. Lo que pasa es que cuando pienso en términos cabalísticos, si la cosa del análisis que se da en la cábala predomina la cosa patriarcal, entonces sí es un problema que tengo que pensarlo más porque creo que en mi propia existencia la mujer tiene que tener un papel más relevante. Y sí lo tiene, o sea, yo tengo muchos textos sobre mi madre, sobre mi hermana; mi único poemario es sobre mi hermana. Así es que sí es interesante, pero desde luego que han dominado las mujeres.
Es algo que tengo que reflexionar porque, como algo positivo, no, no, no, pero también negativo en el sentido de que uno no puede negar la tradición, que es patriarcal, en donde los hombres dominan. Yo no voy a negarlo. Entonces es muy problemático plantear ciertas historias o cosas que tienen que ver con esa tradición si no se cuestionan como parte de algo que es predominantemente masculino.
Mi novela Los dolientes, por ejemplo, y esto es verdad, yo tengo seis hermanos, somos siete hermanos que cuentan la historia en una voz de nosotros. Yo intenté contar esa novela con la voz de mi madre y fracasé porque decía: „No es genuino“, pero mi madre es la que nos tenía a todos mis hermanos. Entonces mi madre nos controlaba siempre, pero la novela está contada con voces masculinas. Entonces es siempre un problema para mí.
EG: ¿Con qué personaje histórico / literario te hubiera gustado cenar alguna vez y qué habría en el menú?
Juan Rulfo. Juan Rulfo era un escritor de Jalisco que escribió en los años 50. Tiene una novela que se llama Pedro Páramo y un libro de cuentos que se llama El Llano en llamas, y que para mí son lo mejor que ha dado la literatura mexicana del siglo XX, incluso en general, aparte, obvio, de la escritora Sor Juana Inés de la Cruz. Y bueno, hay muchísimos escritores en México, pero Juan Rulfo para mí es como uno de los grandes que hay. Es un escritor magnífico, magnífico, que yo admiro mucho.
Entonces, una cosa que no se sabe mucho de Rulfo es que tomaba, era un poco alcohólico. Entonces a mí me hubiera gustado tomarme mis tequilas con Juan Rulfo, así como tomé con Alí Chumacero. Pero era un hombre muy parco, casi no daba entrevistas, casi no hablaba en público. Lo invitaban, por ejemplo, a dar una conferencia, esperaban mil personas y luego no llegaba. Eran esas personas a las que no les gustaba el ego, no les gustaban las masas, la gente ni que lo admiraran. Entonces decía: „¿Lo quiero entrevistar, maestro?“. Decía: „Yo escribí esto, véanlo, es lo que hay“.
Entonces lo invitaban y a veces aceptaba la invitación, pero luego no iba. No le gustaba la fama. Pero he leído que era un gran conversador y era un lector también muy amplio. Leía, por ejemplo, literatura escandinava, sueca, noruega. Y bueno, era un gran, gran escritor. Entonces me hubiera encantado sentarme con él y tomarme mis tequilas.