Salva Rubio y Loreto Aroca

Salva Rubio

Salva Rubio, nacido en Madrid en 1978, es un guionista, escritor y autor. Estudió historia del arte en la Universidad Complutense de Madrid, luego realizo un master en Guion de cine y televisión en la Universidad Carlos III de Madrid y finalmente se doctoro en historia y artes por la Universidad de Granada. Es miembro de la Academia de Cine de España y de la Writers Guild of America, West.

En su larga trayectoria como guionista ha participado en el largometraje Deep, y los cortometrajes Matches, Andersen and the Jinn y No kissing, entre otros. También ha trabajado en animación, donde su cortometraje Checkout fue preseleccionado y nominado a los Premios Goya, además de haber recibido múltiples galardones. También es analista de guion desde 2004, habiendo trabajado con empresas, organizaciones y directores de renombre.

Como escritor ha realizado las adaptaciones de la telenovela El Principe, además de publicar en 2012 una novela titulada Zíngara: buscando a Jim Morrison.

Ha incursionado en la ensayística con la producción de textos sobre música: la serie “metal extremo” y sobre cine y guion.

Como escritor y guionista ha publicado más de una docena de comics, muchos de ellos relacionados con temas sobre la historia o el arte, como por ejemplo Monet o El fotógrafo de Mauthausen. Uno de ellos es La bibliotecaria de Auschwitz, la adaptación de la novela de Antonio Iturbe.

Loreto Aroca López

 

Loreto Aroca López, nacida en Palma de Mallorca en 1994, es entintadora, colorista, ilustradora y dibujante. Luego de un primer ciclo formativo en ilustración, se graduó en Bellas Artes en la Universidad de Castilla-La Mancha y estudió Concept Art en la Escola Joso de Barcelona.

Su primer libro como ilustradora infantil se publicó en 2017, con el título Retrato de la Familia Pinzón. Trabajó como concept artist, especialmente en el diseño de personajes, para Netflix y Goblintrader. En 2023 obtuvo el primer Premio del Concurso de Cómics “Ciudad de Cornellà de la categoría sénior, por la obra La quinta fase. La bibliotecaria de Auschwitz fue su primera novela gráfica, publicada en 2022 en su versión en español.

Entrevista

Entrevistadores: Emiliano Garcilazo

EG: ¿Quién tiene la última palabra o supervisa finalmente la adaptación? ¿Es el autor, Antonio Iturbe, el editor o un conjunto de ambos? ¿Cuánta libertad tienen, considerando que se trata de adaptar una novela y no de una obra totalmente propia donde pueden hacer lo que quieran?

SR: Es algo que me corresponde a mí al empezar el proceso; al fin y al cabo, quien adapta el texto soy yo. Siempre comienzo pidiendo una entrevista con el autor original de la obra. Quiero que se sienta cuidado, que sepa que le vamos a escuchar y que no tomaremos su texto para hacer lo que queramos. En esa conversación le escucho, le dejo hablar y, sobre todo, le pregunto: „¿Qué es lo más importante para ti de tu novela a nivel emocional? ¿Qué es lo que no te gustaría perder?“.

Hay autores que dan respuestas vagas, como „bueno, el ambiente…“. Aquí, Antonio fue muy conciso y nos dijo: „Hay un personaje que es poco importante, pero no quiero que se pierda porque es mi personalidad; soy yo quien está ahí, el profesor Morgenstern“.

Los autores suelen quedarse muy tranquilos, piensan: „Vale, mi libro está en buenas manos“. Es importante porque, una vez aceptan la adaptación, ya no hay lugar para revisiones. Tienen que entender —y lo hacen— que nosotros también somos artistas y vamos a darle una vuelta a su obra. Si no les gusta tanto, es parte del juego; si les entusiasma, todos contentos. Es como con un director de cine: el autor de la novela no va a decirle cómo tiene que hacer su trabajo. Es lo mismo.

EG: ¿Supuso una mayor carga de trabajo tratar un tema tan delicado como el Holocausto, a diferencia de otras experiencias previas en la novela gráfica?

SR: Esta novela tiene una peculiaridad: la original es para adultos, no para niños, pero está protagonizada por una muchacha de 10 años. Aquí vi una oportunidad y le propuse al editor: „Aunque sea una novela para adultos, me gustaría que hiciéramos una adaptación que sirva de introducción al tema del Holocausto para chavales, quizá de 10 a 14 o 16 años“.

Había que trabajarlo con cuidado porque iba a ser la primera vez que esos lectores supieran qué es el Holocausto. Los adultos tenemos la cabeza llena de imágenes, de películas, como tú decías. Pero un muchacho de 10 o 12 años, aunque haya intuido algo, no ha entrado en ese mundo. Por eso la narrativa acompaña ese descubrimiento.

Dita empieza siendo una niña normal. Poco a poco llegan los nazis, después son deportados a un gueto, luego a Auschwitz —y allí dentro, al BIIb, un subcampo que todavía es más o menos „fácil“— y así sucesivamente hasta que, al final, presencia el máximo horror: las fosas comunes, los muertos y las enfermedades. Queríamos dárselo al lector poco a poco, igual que lo viviría un preso, para que el clímax final fuera mucho más salvaje. Además, pedí permiso al autor para contar la historia linealmente, ya que la novela original da saltos en el tiempo. La linealidad me permitía acumular la gran revelación dramática al final; de otro modo, se habría perdido.

LAL: Respecto a la parte gráfica, al ser mi primer cómic, abordé el tema con muchísimo cuidado y respeto. Quería asegurarme de que hasta el mínimo detalle fuese fiel para no dibujar nada que pudiera causar malestar.

Me documento muy bien e intento tenerlo todo controlado. Como comentaba Salva, la parte final fue dura también para mí: ver ese horror, las fosas comunes o la gente en el momento de la liberación, tan enfermos que muchos murieron al cabo de unos días… Es impresionante y requiere atención plena a lo que estás dibujando. No puedes permitirte tirar de inventiva; tienes que ser muy precisa.

EG: ¿Cómo ven desde su trabajo este crecimiento de la industria audiovisual, que cada vez es más importante y ocupa más espacio en nuestra vida, ya sea a través de las redes sociales u otros medios?

LAL: A nivel laboral nos beneficia. Es cierto que hay lectores a los que les resulta más accesible conocer una historia a través del cómic que de una novela. No quiere decir que sea mejor o peor, es un formato distinto. Para un público que tal vez no ha sido educado en una lectura convencional, el cómic puede ser un medio de acceso a historias a las que de otra forma no llegarían, sin que lo audiovisual vaya en detrimento de lo literario.

Hay que cuidar el formato clásico de lectura, pero no percibo lo audiovisual como algo negativo per se. Otra cosa es que la gente busque solo ese estímulo y pierda la capacidad de atención para enfrentarse a diez páginas seguidas. Pero, en lo que a nosotros respecta, creo que el cómic sale beneficiado. ¿Tú qué opinas?

SR: Es una cuestión importante; parte de mi tesis doctoral trataba sobre esto, basándose en Walter Benjamin y La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. ¿Qué ocurre? Vivimos en un mundo donde cada vez es más fácil multiplicar la obra. Antes eran revistas o libros; hoy es un móvil, pero no deja de ser lo mismo: reproducimos contenido en las pantallas de millones de teléfonos.

Sin embargo, como decía Loreto, el foco actual se centra en la imagen, y eso es problemático. La imagen genera emoción mucho más rápido que el texto porque no tiene filtros, no tiene idioma ni prosa que descifrar. Ves la imagen de un influencer o un paisaje y te afecta emocionalmente al instante. Eso engancha, es una especie de droga. El texto, en cambio, exige lentitud, calma y reflexión.

El cómic es imagen y texto; uno está al servicio del otro. Lo único que podemos hacer es contar historias lo más profundas posible para que el lector tenga una experiencia densa. No tiene por qué ser pesada, pero sí debe provocar pensamiento. Buscamos algo que vaya más allá del simple sentimiento: buscamos la reflexión.

EG: ¿Con qué personaje histórico o literario les hubiera gustado cenar y qué habría en el menú?

SR: Voy a intentar ser original. Hace unos años tuve la suerte de ser seleccionado para un seminario de guionistas en Suiza donde estaba invitado como mentor Christopher Hampton, el guionista británico que suele trabajar con Stephen Frears en películas como Las amistades peligrosas o Expiación. Siempre me he fijado mucho en su trabajo.

Admiro lo que hace porque es similar a lo mío: biografías y hechos históricos, pero él siempre intenta mostrar también las miserias del personaje. Si vas a hablar de Monet, no digas solo que era un buen pintor y tenía muchos amigos; muestra que también podía ser mala persona. Si no, no es humano.

En el mundo del cómic biográfico se cae mucho en lo que yo llamo la „biografía de Wikipedia“: tomar los hechos principales, ponerlos ahí y listo, sin entender a la persona con sus sombras. A mucha gente le incomodan esa sombras. Nos gusta ver libros infantiles tipo „La pequeña Frida“, que están bien para descubrir cultura, pero olvidamos que, por ejemplo, el „pequeño“ Jackson Pollock fue un alcohólico y un maltratador. Pero eso es otra cuestión.

Volviendo a la pregunta: cenaría con Christopher Hampton. Y dado que Las amistades peligrosas es su obra cumbre, elegiría un menú del siglo XVIII.

LAL: Me has pillado un poco, pero al hilo de lo que comentaba Salva sobre los maltratadores, pienso en un tema que me gustaría tratar en un cómic: Picasso.

Me gustaría cenar con cualquiera de sus exmujeres. De hecho, la última de ellas falleció hace muy poco, en 2023. Me reuniría con todas ellas para que me contaran la verdad: cómo fue vivir con ese hombre y el daño que les hizo, para luego poder contar su historia. Respecto a la comida… eso no lo sé, lo dejaría en un segundo plano.

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