Valeria Correa Fiz

Entrevista

Entrevistadora: Victoria Torres
VT: Como acabo de contarles, Valeria ha escrito poesía y ha escrito cuento. Uno se pregunta, cuando ve, este tipo de escrituras: ¿por qué esa predilección por las formas breves? ¿qué es lo que te habilitan, que es lo que te posibilitan las formas breves?
VCF: Respondiendo a tu pregunta, Victoria, yo creo que uno de alguna manera escribe lo que le gusta leer, y yo me formé mucho, algo que pasa bastante en Sudamérica, pero especialmente en Argentina, que somos, digamos, como país más famosos por los cuentistas y los poetas que por las novelas. No digo que no tengamos novelas ni buenos novelistas, pero es verdad que de alguna manera quienes tienen renombre se han dedicado un poco, en nuestra tradición, a estos dos géneros. Y entonces la formación, o sea, lo que nosotros leemos en el cole son cuentos y poemas.
Obviamente yo después ya desarrollé un gusto particular por estos géneros, porque los géneros breves, a mí me parece que a diferencia de las novelas requieren como una participación activa de los lectores, las lectoras. O sea, trazan tomando un poco así esta metáfora de las tejedoras y las costureras, ¿no? O sea, son como hilvanes o como puntos que de alguna manera quienes leen tienen que rellenar. O sea, las novelas, yo siempre digo a los colegas y colegas novelistas, son como albañiles. Tienen que estar trabajando ahí poniendo un ladrillo detrás de otro, cemento, hay que levantar una casa. De alguna manera quienes practicamos los géneros breves, es como si marcáramos unos puntos en el plano y quien nos lee rellena.
Pero después a mí me parece que la poesía y el cuento, al menos la clase de cuento que yo leo y que creo que escribo, trabaja con el lenguaje de una manera específica. O sea, hay un gusto por el lenguaje de orfebrería. Y por hacerle decir al lenguaje ciertas cosas que no son el lenguaje, o sea, pueden ser las mismas palabras que nosotros usamos a diario, pero que no se usan con esa voluntad de transparencia comunicacional, sino como voluntad de torsión.
Yo vengo de dar un taller el viernes en Madrid y entonces hay un poema donde yo digo, bueno, desde que se murió mi abuelo lluevo cada día. Y hay una forzando el verbo llover, que obviamente es impersonal en castellano, aplicándola al yo poético, ¿no? Entonces esas vueltas, esas torsiones en la novela son menos comunes.
Luego son géneros que se prestan mucho a la relectura y a mí mucho más que escribir y que leer, me gusta releer, ¿no? Siempre digo más que leer, me gusta haber leído. Y claro, releer novelas también, no digo que no lo haga, porque sí lo hago, sobre todo con los fines didácticos de los talleres y eso, pero es un género más difícil.
Entonces en cambio uno, no sé, con los poemas, con los cuentos, se queda allí. Y creo que también contradiciendo, bueno, no sé si aquí en España los argentinos somos famosos por hablar mucho, entonces yo digo siempre, contradiciendo la tradición de los argentinos, que hablamos mucho, yo escribo poco. Hablaré mucho, pero escribo poco.
Creo que son eso, ¿no? También esa condensación, esa economía, esa búsqueda de la palabra precisa, la palabra joya, no por el lujo de la palabra, sino por esta idea de torsión. Y porque me parece que de alguna manera una novela convoca un universo enorme.
Un cuento despuntea un universo. Lo que convoca fuertemente un cuento o un poema es una emoción. Hay una unidad ahí de efecto que es muy fuerte y que una novela despliega. Se parece mucho más a lo mejor a un fuego de artificio, o sea, hay una figura central más o menos dibujada, pero bueno, hay luces que se van perdiendo, como que en su emisión. Cortázar decía, haciendo el símil con el boxeo, que la novela gana por puntos, el cuento gana por knockout.
VT: Cuando hice la presentación dije que eras, o que vos misma te presentás como una autora hispano-argentina. Pensando en estos poemas, en estos dos últimos, digo, claro, son poemas argentinos. Pero en la lengua no veo tanto esas marcas. Sí, claro, en la oralidad, cuando los lees, obviamente. Pero, ¿cómo es esta convivencia? ¿Es una convivencia?¿Es una disputa? ¿Es una, digamos, es un pacto? O sea, ¿cómo lo llamarías, ese vivir entre el español argentino y el español de España o el madrileño?
VCF: Sí, el tema se presenta ahí. Porque, bueno, yo viví en muchos lados, viví en Estados Unidos, viví en Italia y nunca tuve conflicto. Porque, de alguna manera, tenía como una vida doble. O sea, de la puerta de mi casa para afuera vivía en otro idioma y adentro, bueno, vivía con mi especie de argentino solidificado. Porque, de alguna manera, uno tiene como ese argentino de cuando se fue. Y, en realidad, el problema se me plantea cuando llego a España. Entonces, lo que me di cuenta es que la lengua se vuelve un conflicto cuando no hay una jerarquía, cuando vos, cuando hay esos espacios híbridos, es allí donde se vuelve problemática. De todas maneras, te digo que para mí está buenísimo porque me parece que a los escritores, digamos, es nuestra materia prima, la lengua. Entonces, pensarla desde un lugar de roce o de tensión, como un objeto, como un sujeto amoroso.
O sea, todas las relaciones amorosas tienen roces, tienen tensiones, tienen fricciones, tienen momentos estupendos y otros. Entonces, yo por ahora lo que tengo más o menos resuelto, sobre todo en la poesía, porque hay un yo lírico… En la poesía, a diferencia de lo que es la narrativa no necesitas un personaje o si es un personaje no necesitas que tenga una nacionalidad especifica y sobre todo que no lleva adelante…
Los poemas que yo elegi leer son narrativos, pero bueno, yo también escribo otra clase de poesí. Y entonces no necesitas llevar adelante una historia. Entonces, de alguna manera, prescindiendo de ese sujeto tan marcado por una nacionalidad, el lenguaje del poema a mí me permite como una especie de ejercicio amplio. Y elegir ciertas palabras que a lo mejor leídas desde… Porque esto es un fenómeno curioso, ¿no? Algunas palabras leídas de España, palabras argentinas leídas de España, tienen cierta cadencia arcaizante y viceversa. Ciertas palabras españolas para América Latina son arcaizantes. Entonces, se produce ahí como una especie de lenguaje híbrido en el que yo me siento muy cómoda. Donde más problemas me causan es en la narrativa.
En la narrativa, en definitiva, para los diálogos y para eso tengo que tener muy en cuenta la nacionalidad de quien habla, porque… Bueno, también podés hacer como Bolaño, que los personajes de Bolaño hablaban todos como él, que hablaba un poco en mexicano, un poco en chileno, un poco en catalán y nunca nadie le cuestionó la verosimilitud. Pero, bueno, o sea, creo que por ese lado siempre es un poco esquizofrénico, eso sí, pero bueno, ahí está, ahí vamos.
Público: Justo iba a comentar algo parecido, que tenés una teatralidad en tu forma de narrar, y te quería preguntar, ¿rozaste de género del teatro, del texto dramático?
VCF: Sí, me encanta. Yo empecé leyendo textos, yo empecé leyendo teatro. Empecé leyendo teatro porque, no sé, porque me encontré con un montón de textos teatrales en distintas bibliotecas, y me gusta mucho esa cosa vivificante, que tiene el teatro. Y, de alguna manera, yo, bueno, como cualquier escritor, y escritora, corrijo muchísimo, pero corrijo en voz alta.
Entonces, yo llega un momento que no me sé de memoria mis textos porque tengo mala memoria, pero los he leído un millón de veces. Entonces, yo todo lo corrijo. O sea, para mí la literatura en origen es oral.
Bueno, ahora la reflejamos en medios escritos, pero el nacimiento de la literatura es la oralidad, y yo aspiro a vivificar lo que estoy escribiendo. Entonces, para mí suena de una manera, y cuando me piden que lea en voz alta, reproduzco esa manera que para mí suenan los textos. Con una cosa que también es…
Yo cuido mucho la puntuación, porque para mí la puntuación es como esa respiración del texto. De suerte tal que confío en que más o menos tenga como esa… Como que sea como una partitura, más o menos. Les doy libertad.
VT: Vamos ahora a otra parte del cuerpo. Me dijo Emiliano que había unas preguntas que siempre se hacen en este contexto de lecturas aquí en Siegen, y entonces digo, bueno, vayamos de esa parte del cuerpo a la otra punta del cuerpo, que es la boca. Y te pregunto, Valeria ¿con qué personaje literario te gustaría comer?
VCF: Justo yo acabo de dar un taller de la novela de Toni Morrison, Beloved, que me encanta, porque toda ella es un espacio liminal. Esta novela que, bueno, da cuenta de la historia de una familia, que eran esclavos, y ese pasaje a la libertad, que es una cosa bien difícil. Parece fácil, pero es bien difícil.
Y entonces, ahí hay un personaje que es la abuela, que se llama Baby Sags, y que cocina. Toda la novela está repleta de distintas recetas, unas recetas que pertenecen un poco a la tradición creol norteamericana, y bueno, con unos ingredientes que, por lo menos en el sur, no tenemos acceso. Así que yo resucitaría a Toni Morrison y comería con ella lo que su personaje cocina.